El garabato que se convirtió en multitud
- nutricionpas
- hace 6 días
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¿Te acuerdas de cuando tenías seis años y te pedían que te dibujaras a ti mismo? Era fácil. Un círculo para la cabeza, cinco rayas para el cuerpo y, si te sentías especialmente artístico, una sonrisa que te cruzaba la cara de oreja a oreja. En ese entonces, tú eras uno. Un bloque sólido. Una sola versión de ti mismo que solo quería caramelos y que no lloviera para poder salir al recreo.
Pero, spoiler: la vida no se queda en el dibujo de palitos.
El mito de la "persona única"
Crecemos con la idea de que somos una unidad indivisible. "Yo soy así", decimos, como si fuéramos una estatua de mármol que no cambia ni con el granizo. Pero la realidad es mucho más divertida (y caótica). En realidad, no eres una persona; eres una comunidad de vecinos viviendo en un mismo cuerpo, y cada uno ha llegado ahí por una razón distinta.
El "Upgrade" de las formaciones
Primero llega la formación. No solo la del colegio, sino la de la vida. De repente, a tu monigote de palitos le sale una bata de científico, un casco de ingeniero o un delantal de cocina. Cada cosa que aprendes —desde física cuántica hasta cómo arreglar un enchufe o hacer una paella sin que se queme— añade una capa. Ya no eres solo "tú"; eres "tú-que-sabe-hacer-esto". Tu dibujo empieza a parecerse a un personaje de videojuego con demasiados accesorios equipados.
Las vivencias: las cicatrices molan
Luego vienen las experiencias. Esas son las que le dan color (y a veces manchas) al dibujo.
El viaje que te cambió la forma de ver el mundo.
Esa ruptura amorosa que te dejó como un cuadro de Picasso (un poco descolocado, pero con mucho valor artístico).
El primer trabajo donde aprendiste que el café es un grupo alimenticio básico.
Cada vivencia mete a un nuevo inquilino en tu cabeza. Tienes a tu "yo" aventurero, a tu "yo" precavido que siempre lleva un paraguas, y a tu "yo" que todavía quiere llorar cuando ve una película de perritos.
El entorno: el espejo que nos deforma
Y por último, está el entorno. Somos como esponjas, pero con mejores peinados. Si vives en una ciudad ruidosa, tu dibujo tiene una chispa de prisa; si te rodeas de gente creativa, tu monigote empieza a llevar gafas de pasta. Nos transformamos según quién nos mira y dónde estamos. No eres el mismo con tu abuela que con tu jefe, y eso no es ser falso: es ser flexible emocional.
Conclusión: ¡Viva el desorden!
Así que, si hoy sientes que no te aclaras o que tienes demasiadas versiones de ti mismo peleándose por el mando a distancia de tu cerebro, relájate.
No eres un dibujo de palitos mal terminado. Eres un collage hiperrealista. Eres la suma de todos los libros que leíste, los errores que cometiste, los lugares donde viviste y la gente que te quiso. Ser "muchas personas" no es una crisis de identidad, es haber vivido de verdad.
Entonces, ¿quién soy ahora?
Si hoy tuviera que volver a dibujarme, el papel se me quedaría pequeño. Porque ahora soy la experta en nutrición y salud que entiende que el bienestar empieza por dentro, pero también la consultora que se arremanga en proyectos de cultura, asociacionismo y desarrollo local. ¿Parecen piezas de distintos puzzles?
En absoluto. Es la misma energía: la de cuidar lo individual para que lo colectivo florezca. Soy esa mezcla de ciencia, comunidad y territorio que ha aprendido que para que un pueblo (o una persona) esté sano, necesita buenos nutrientes por dentro y por fuera.
La próxima vez que te mires al espejo, no busques al monigote. Saluda a la multitud. ¡Es mucho más entretenido!

P.D.: Dedicado a quienes pacientemente han esperado a que dé señales de vida. Como veis me he centrado en otros proyectos, pero también he sentido la necesidad de dar espacio y no "sobreinfoxicar", de volver a la presencia y aparcar lo digital, para volver a conectar con la esencia.




